Friday, December 29, 2006

EL SUR, SIEMPRE EL SUR



No es solamente por la impetuosa combinación de mar y montaña. No es tan sólo por el retrato furioso de sus costas donde se disputa la batalla territorial entre océano y tierra, ni únicamente por su aroma profunda a salitre y aceite, sino porque también llevo en mis archivos de niñez, muchos de los recuerdos más íntimos, más tiernos y más profundos.

Mis padres compraron, hace muchos años, una pequeña parcela de tierra cerca del cruce de Niza, por donde le dicen “Malpae”. Construyeron una casita de tablones de palma, que luego fuera aniquilada por el ciclón George, pintada de un azul marino intenso con sus bordes amarillos y unos tragaluces con formas florales que fue un refugio para mi toda familia y la familia Morales en fines de semana y vacaciones de Semana Santa. En esas tierras degustamos los caimitos más dulces, mangos en cantidades impensables, cajuiles y agucates, yucas y guandules, mandarinas, naranjas y sobre todo, las deliciosas paellas hechas por los dos Marios cabeza de familia, Dávalos y Morales, sobre tres piedras y un montón de carbón.

Desde una casita de palos construida sobre un árbol de mango, podía ver, después de los montes y las lomas, la silueta geométrica y plana del Mar Caribe. Esa distancia, casi poética, se iba acortando de manera vertiginosa, primero por el gran poder de mi imaginación infantil y horas más tarde por el gran poder de una camioneta Mitsubishi dónde viajábamos las dos familias hasta las playas oscuras y silvestres de Najayo y Palenque.

Ese trayecto, mirándolo en retrospectiva, era más parecido a caminar por los pasillos de un centro comercial que recorrer una carretera desolada. Las paradas eran múltiples y seguidas, y todos íbamos probando cada cosa que pudiera ser vendida al borde del camino. Por ejemplo los “bobotes”, una masa en forma de donut hecha con harina de yuca y coco, de textura latigosa y de un sabor largo y profundo. La “chola”, amasada con harina de yuca y guayiga, misteriosa y hoy desaparecida, que requería de valor y hambre para poder lanzar la primera mordida. Los “roqueticos”, que no eran más que una versión pequeñita de harina frita, rompemuelas y deliciosos y que se conseguía en el mismo cruce de Niza… Así fuimos parando por toda la loma y la costa hasta alcanzar las arenas negras y las sillas de madera de el timbiriche de Dona Tinita, donde el pescado con coco y los tostones en escabeche cobraron atributos míticos, siempre junto a un moro de guandules, cervezas y refrescos.

Hay algo muy especial en estas memorias. Hay una sensación mágica de estar sentado en un observatorio con el ojo pegado al telescopio mirando al pasado y a cada uno de los rostros que me acompañaron en esos viajes. Existe un sentimiento enroscado en toda mi memoria que huele a hierba húmeda y agua de coco y que hoy cobra intensidad, como si esta distancia fuera un horno que acentuara los sabores, los aromas, las sonrisas y que al final termina cocinando un pastel tan delicioso que es el amor a una carretera larga y rústica donde fui dejando miradas pegadas en todas partes a cambio de sabores sembrados en todos lados.

4 Comments:

At 8:16 AM, Blogger Pancho said...

Que chula se ve MaEugenia en el burro! Igualita...

Interesante tu blog y el otro "Diario de un Rabioso"

Pancho

 
At 11:05 AM, Blogger Ricardo Mantler said...

I loved that post of yours. It made me remember my simple but magic childhood.

Sorry for can't write in Spanish, but I can read it well!

[]'s

 
At 10:15 AM, Blogger nalanda said...

diale! ese es mi sueño una casita asi y niños tan lindos como esos! saludos mario!

 
At 6:50 AM, Blogger salime said...

QUE CASUALIDAD, ESA CASITA QUE MENCIONAS QUEDO GRABADA EN MI MEMORIA HACE +- 14 ANOS. ESTABAMOS PERDIDOS UNA PAREJA DE AMIGOS Y YO EN MALPAE Y LLEGAMOS A ESTA LINDA CASA ANTES DE ENCONTRAR LA QUE BUSCABAMOS, QUE COMO DIJE NUNCA SE BORRO DE MI MEMORIA, Y SIGUE SIENDO MI SUENO, A TAL PUNTO QUE SIEMPRE ME PREGUNTAN QUE SI YA HICE MI CASITA. SE QUE ES ESA MISMA CASA, PUES AL PREGUNTAR POR LA FAMILIA QUE NOS INVITO A UN PASADIA, SALIO UN SENOR MUY AMABLE Y SE PRESENTO COMO EL SR.MARIO DAVALOS.
ES PENOSO SABER QUE EL CICLON LA DESTRUYO, PERO POR SUERTE QUE LAS VIVENCIAS Y RECUERDOS AGRADABLES NO LAS BORRA UN CICLON.
ESPERO HACER MI SUENO REALIDAD PRONTO, PARA ASI PODER GOZAR DE LAS MARAVILLAS QUE NOS BRINDA LA NATURALEZA. TE FELICITO POR TU BLOG.

 

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